domingo, 27 de febrero de 2011

A las mimas horas que siempre te amo

Las cosas son las mismas desde aquel día hace dos años. Intento no amarte desde entonces, pero nada cambia. No se consigue al encontrar imágenes viejas. 

Soy un idiota al recordar a estas horas tu compañía. No es sencillo, como  escribir versos de amor eterno parece serlo.

Todo debe estar excelente, como en las últimas  fotografías tuyas que vi. 

Nunca me ha sido fácil decir lo que siento. ¿Recuerdas todos esos poemas tontos? Sí,  yo lo escribía. No eran plagio, ni mentiras. Pero algunas cosas hay que decirlas de frente, introducirlas en la mente de otra persona, con la voz como suele hacerse, o con besos como es debido. Pero debe decirse, pues el papel se pierde de mano en mano, y las pasiones que no se dicen, tienden las mayoría de las veces a incendiar el corazón de quienes las dicen a medias. 

Pero estamos bien. Esa es la ambigüedad de las cosas. Por un lado tu estás feliz, restregándome lejana la compañía que te sobra, y por otro lado acá estoy yo, como siempre, escribiendo soledades, refugiado en mi madrugada, a las horas en que más hace frío, a las mismas horas que siempre te amo.