domingo, 3 de octubre de 2010

por cualquier otro vicio


Otra noche sin pestañas que se logren unir. Nada más alrededor que un perro buscando alguna sobra entre la nada, el gato sin cola de mi hermana tratando de pelear con las sombras del jardín, y la inconstante brisa que estremece mi cuerpo, como lo hacía antes tu simple presencia.

Aves desconocidas le cantan al día cuya luz carece aun de unas cuantas horas por asomarse. La noche me envuelve, me cansa, me irrita. Me desespera saber que podría estar durmiendo en vez de estar aquí esperando a que amanezca, o a que amanezcas entre mis sueños. Talvez por eso no quiero dormir. Sé que no vendrás a salvarme de esa mujer de vestido blanco y cabello sobre el rostro que a menudo se acerca a mi cama en mis sueños, por eso es inútil también dormir.

Basta ya de quemar otro cigarro en tu nombre! Pero viéndolo bien hasta resultan parecidos. Los dos me causan la necesidad de absorverlos, de tenerlos en mi boca hasta el punto de haber desaparecido, y sólo haber dejado su parte inservible. Lo que no me servirá, lo que quizá me haga sentir cierto arrepentimiento. Definitivamente eres como ese maldito cigarro. Acabas de hacerme necesitar de tí, y salí y te busqué, y te encontré pero fuiste sólo humo, y por consiguiente de pronto ya no estabas, te fuiste flotando, revoloteando pasajera por entre el canto de los pájaros que no saben diferenciar entre en día y esta madrugada de huesos helados.

Y vaya que te pareces a un cigarro. Sé que ya te lo había dicho, e incluso ya estaba escrito, pero no puedo dejar de verte entre el humo que desaparece entre la luz de las lámparas de la calle. La alegría momentánea me ha vuelto a motivar a escribir, pero se ha ido de nuevo, y me ha vuelto a dejar aquí escribiéndole a la soledad que me despoja del sueño. Eres como el cigarro que acabo de tener en mi boca. Eres ese placebo esporádico al que acudo en busca de descanso, pero sólo me hace mantenerme despierto hasta desearlo de nuevo.

Trataré de dormir, y talvez mañana te cambie por cualquier otro vicio, por otra rutina, por otra afición, o por otra loca que sepa cocinar lasaña; por otro motivo para no sentir estas ansias por un café, para no encender otra luz entre la obscuridad, y para no esperar al sol en vano, como las aves sin nombre ni forma.

2 comentarios:

Amorexia. dijo...

Miró a la mujer desnuda que dormía a su lado mientras encendía un cigarrillo, disfrutó aquella bocanada como trofeo de una noche placentera, la miró entonces elevarse y prolongarse. Luego vio a la mujer a su lado hacer lo mismo, la vio dispersarse en la habitación mientras salía por la puerta, desfigurada e incorpórea. A la mañana siguiente despertó solo, y el cadáver de un cigarrillo era poco importante en el cenicero de la mesita de noche.

Michael Guerrero dijo...

Gracias por el comentario don Amorexia. Créame que me acaba de aclarar lo que pasó!

Saludos!