jueves, 19 de mayo de 2011

Otro sueño

Anoche tuve otro sueño. Otro sueño de amor a medias, de labios extraños, de caricias sin brazos. Las risas brotaban espontáneas y los ojos dejaban pasar la luz permitiendo que un brillo sobrenatural pasara por detrás de cada iris, viendo más allá, comunicando lo que no se dice cuando se está despierto. Fue un sueño al fin, sin más consecuencia que otro despertar, con más ansias que delirio. 

Los besos se palpan igual, como si respirar no fuera necesario mientras se ama. Pero no es amor, no cuando despiertas abrazando la almohada. Queda sólo la obsesión de otra noche, de otra boca en mis labios, de otro susurro en mi oído, y de otra emoción sin desenlace. Queda sólo otra espera, otra conjugación de resultados fortuitos. Y nada más queda que tratar despierto, deducir causas, combatir ausencias, y esconderme de los fantasmas del desaliento, y las luces mañaneras, que vuelven lúcida nuestra circunstancia.  
   

jueves, 3 de marzo de 2011

Las musas están de vacaciones

Así es. Las musas de éste blog se fueron de vacaciones. Esperemos vuelvan pronto. 


Saludos. 

domingo, 27 de febrero de 2011

A las mimas horas que siempre te amo

Las cosas son las mismas desde aquel día hace dos años. Intento no amarte desde entonces, pero nada cambia. No se consigue al encontrar imágenes viejas. 

Soy un idiota al recordar a estas horas tu compañía. No es sencillo, como  escribir versos de amor eterno parece serlo.

Todo debe estar excelente, como en las últimas  fotografías tuyas que vi. 

Nunca me ha sido fácil decir lo que siento. ¿Recuerdas todos esos poemas tontos? Sí,  yo lo escribía. No eran plagio, ni mentiras. Pero algunas cosas hay que decirlas de frente, introducirlas en la mente de otra persona, con la voz como suele hacerse, o con besos como es debido. Pero debe decirse, pues el papel se pierde de mano en mano, y las pasiones que no se dicen, tienden las mayoría de las veces a incendiar el corazón de quienes las dicen a medias. 

Pero estamos bien. Esa es la ambigüedad de las cosas. Por un lado tu estás feliz, restregándome lejana la compañía que te sobra, y por otro lado acá estoy yo, como siempre, escribiendo soledades, refugiado en mi madrugada, a las horas en que más hace frío, a las mismas horas que siempre te amo.   

domingo, 20 de febrero de 2011

Relato de un domingo por la mañana

Camino a casa luego de mis rutinarias compras de domingo por la mañana. El día está soleado y ventoso, como pocos desde que la época lluviosa se empeñó en estacionarse sobre el caserío. 

Avanzo lentamente con mi billetera en mi mano izquierda, debido a la falta de bolsas de mi ropa de dormir, y en mi derecha la bolsa plástica llena de las cosas que le compré al chino del supermercado. Las bolsas del súper del chino parecen siempre como tener voluntad propia, y ésta, del mismo modo, se muestra intranquila, incapaz de mantenerse inmóvil ante la inercia de mi caminar pausado, como reusándose a llegar a casa, a sabiendas de su destino poco después en la canasta de la basura. 

De pronto algo me despega da la bolsa, de la visión en mi mente del gesto del chino al comer una rama de apio, y hasta de las salchichas con huevo que he de preparar para el desayuno. Un par de ojos me han cautivado incluso a la subjetiva distancia existente entre mi casa y el lugar donde ahora me ubico. No logro apartar mis ojos. Sus pijamas tienen ese toque que perfectamente hace juego con sus caderas al caminar, sus manos suaves, lo cual pretendo también haber adivinado a la distancia, portan al igual que las mías, lo que seguro ha también de preparar hoy por la mañana. 

Su paso es lento, su pelo está aún desordenado y cubriendo parte de su cara, me emociona un poco darme cuenta que es el tipo de mujer tan poco vanidosa que no le interesa que los demás se den cuenta que no se ha bañado. Se nota, pero no le arrebata nada más que visibilidad a su rostro debido a su pelo rebelde.  Su bolsa también se tambalea, unísona en la melodía de sus rodillas al paso. Supongo que es muy temprano para que se haya siquiera despertado del todo. 

Es perfecta. Es perfecta y camina hacia mí. Es perfecta, camina hacia mí y también parece haberse escapado de su casa corriendo al despertar, a buscar algo para aplacar el hambre atroz de los domingos por la mañana.

A medida que ambos nos movemos en dirección contraria, y por lo tanto hacia nosotros mismos, los detalles son más fáciles de percibir. La humedad de sus profundos ojos, aún lastimados por la luz, se ha metido en mí, me asfixia, me ahoga, al igual que lo hace el aroma de las primeras gotas de cada aguacero al combinarse con el polvo. Ambas humedades vuelven incómodo mi respirar.   

 Debido a que mi respiración está demasiado distraída para permitirme inhalar lo suficiente, y por lo tanto articular sonidos al menos decodificables, como algún tipo de palabra, no he podido más que contraer alguno que otro músculo facial, y sonreirle tontamente. Me siento como un completo idiota con ésta gran sonrisa en mi boca, sin ningún sentido o razón aparente. Me siento impotente, y por un instante no logro coordinar el sonreír, el caminar, y al mismo tiempo mantener constante el movimiento de la bolsa con respecto a mi pierna izquierda, lo que hace que me vea aún más torpe, tomando en cuenta que al salir de casa olvidé peinarme y mi camisa preferida de dormir, hoy amaneció al revés. 

Pero nada de lo anterior parecería tan ridículo como parece, si no estuviera en este momento acostado en la acera, con las salchichas danzando aún junto a mí, y la bolsa sobre mi cara. Justo en el momento en que estaba frente a ella me he caído. No me logro levantar, la voluntad no me permite moverme, talvez para no aumentar mi vergüenza. ¿Qué dirá? Creo que la volví a cagar.... Talvez si no me muevo y mantengo la bolsa sobre mi cabeza, no se dé cuenta de que estoy aquí tirado. 

De repente dos pantuflas se posicionan junto a mí, y una voz un poco pausada, lo cual sospecho puede ser causa, o de una tos, o de una risa disimulada, me pregunta cómo me encuentro. "Acostado, avergonzado, y sin desayuno" le contesto. La pausa en su voz aumenta en su longitud. Poco después de al parecer haberse detenido su risa, quita la bolsa aún sobre mi cara y me dice: "Despistado... Julio ya levantate y entremos a la casa, me muero de hambre". 

Simultáneamente a una buena carcajada, caigo en razón de que aún no había despertado del todo, y mientras me quito la bolsa de mi cara, recojo las las salchichas dispersas a mi alrededor, y me levanto de la acera, Viviana me dice: "Al despertar no sabía donde estabas, pero de haber sabido que fuiste en el súper por algo algo para el desayuno, no hubiese salido en éstas fachas a la panadería", a lo que respondo controlando aún mi risa, "De haber sabido desde antes que eres la mujer perfecta, te juro que desde hace muchos domingos andaría con una bolsa plástica sobre mi cabeza, sólo para escucharte reír así, sin importar tu estilo despeinado, ni esa lagaña, que olvidaste quitarte antes de salir"        

martes, 4 de enero de 2011

Papá y las brujas.

Papá ¿Qué hay al otro lado del bosque? 

-Nada Susana, nada más que brujas. Criaturas malas que buscan en la vida no más que castigo, y que terminan siempre igual, sufriendo el dolor que merecen por haber nacido brujas. 

Papá es muy modesto y cree que yo no me doy cuenta de lo valiente que él es. Ciertas noches, cuando todos parecemos dormir, él sale y acaba con esas brujas malvadas, pues siempre que él sale de casa y lo veo perderse en el bosque, ellas gritan con más fuerza, o mejor dicho, ella, porque siempre las elimina de una en una. 

En realidad nunca he escuchado a todas gritando a la vez. Siempre que logro escuchar esos gritos  perdidos entre la noche, sólo una persona se escucha gritar, una bruja a la vez, la única que mi papá logra capturar. Las demás deben ser muy miedosas porque nunca defienden a la que será castigada. 

Mamá me ha dicho que no debo preguntarle a papá acerca de lo que hace por las noches, que esas cosas no son buenas que yo las sepa, y que debo siempre estar cerca de ella, y no quedarme sola con papá. No entiendo porqué me dice eso, si mi papi siempre me ha amado mucho y siempre me abraza y me besa. Ella me ha dicho que papá a veces es peligroso, pero yo no le creo. A decir verdad he comenzado a creer que mamá es una bruja también, y por eso le tiene miedo. Pero yo no seré una bruja jamás, lo sé porque mi papá me ha dicho que él nunca permitirá que yo me convierta en una de ellas. Que ese no será mi futuro. Que no seré como mi hermana.  

A mamá no le gusta hablar de mi hermana Carlota. Lo poco que me ha contado mi padre es que cuando yo tenía dos años ella se convirtió en una bruja como las demás, y un día ellas se la llevaron para el bosque, y nunca más volvió a esta casa.  Mamá a veces camina por el bosque, con una ramo de flores. Pienso que ella trata de encontrar a Carlota y rogarle que vuelva a casa antes que la mate un hombre como mi papá, o la policía. He comenzado a sospechar que ellas se deben encontrar en el bosque a escondidas de papá, pues mamá siempre vuelve a casa llorando y sin el ramo de flores. Y de lo poco que recuerdo es que Carlota amaba las flores y la casa siempre estaba llena de ellas. Talvez con todas las flores del bosque ella viva como en casa.  

A veces quisiera ir al bosque a conocer a mi hermana, a preguntarle porqué ella es una bruja, pero sobre todo, me gustaría saber si tiene poderes mágicos. Porque dicen que las brujas pueden convertir a las personas en sapos, y tengo una par de compañeros en la escuela que quisiera convertir en sapos. Ellos están siempre molestándome. Pero viéndolo bien al menos ellos me toman en cuenta, porque el resto de mis compañeros me ignoran, me miran y quitan la mirada, se alejan cuando trato de acercarme. Una vez una compañera me dijo que no debía hablarme porque su madre se lo prohibió. No entiendo porqué, pero a ninguna de mis compañeras dejan ir a mi casa. Siempre tengo que hacer mis tareas sola. 

Creo que mis compañeras, y las mamás de mis compañeras, deben ser brujas también y le tienen miedo a mi papá.   

Los policías son muy tontos para eso de matar brujas. Las brujas hay que cazarlas, como lo hace mi papá. Los policías entran al bosque a matar a las brujas también, porque ellos persiguen a los malos, y ellas son malas. Pero ellos son muy torpes, pues seguro piensan que cuando una de ellas grita es el momento de actuar, y entran a buscarla sin saber que para ese momento ya todas las demás se han ido y mi papá ha acabado con la que logró capturar. Mi papá es muy tímido y no le gusta que la gente sepa que él es el héroe que acaba con las brujas. De hecho los policías no lo conocen. Siempre que se acercan las sirenas de las patrullas y me asomo por la ventana para tratar de ver a la bruja cuando la sacan del bosque, miro a mi papá correr y meterse en la casa sin que nadie lo vea. Mamá siempre llora a escondidas de mi papá cuando él mata una bruja, como si ella fuera parte del clan, o como si cada bruja fuera mi hermana. 

Nunca he logrado ver una bruja aunque a veces han estado en mi casa. Una noche hace un tiempo, mientras dormía, unas manos comenzaron a tocar mi cuerpo. Primero, despertándome un poco, pensé que era mi mamá acomodando la cobija sobre mis piernas, pero pronto me di cuenta que esas manos en la obscuridad no podrían ser de ella, con esos movimientos tan extraños que me hicieron despertar con la respiración acelerada. Cuando desperté en mi cuarto sólo estaba mi papa, recostado junto a mí. Me dijo que todo estaba bien, que le pareció ver una bruja por ahí pero al parecer se había escapado, y me prometió que pronto acabaría con ella. Yo estaba muy asustada, y desde ese día mamá me llevó a dormir con ella, y no me ha vuelto a dejar ir a la escuela sola, de hecho no fui por unos días. No creo que muchas personas sepan que las brujas tienen las manos tan grandes.

Mamá quiso llevarme al hospital porque ese espíritu me sacudió muy fuerte y me dolía mucho, pero papá habló con ella por un largo rato, y decidieron que yo pasara recostada unos días en casa hasta que pasara el dolor. Debe ser que el daño que hacen las brujas no lo pueden reparar ni los doctores.  

Anoche, como lo hace algunas veces, papá salió de la casa como a las once, y se perdió entre la neblina de la calle, sólo visible cuando pasaba por debajo de alguna lámpara. Y debido a que hace días no logro dormir, pues esa bruja fea ha también comenzado a aparecer en mis sueños, me quedé pegada a la ventana esperando para contarle a mi papá cuando volviera si alguna bruja pasaba por la desolada calle carente de casas. 

Pero de pronto lo vi. Mi papá caminaba con una de ellas, abrazada, con la boca tapada por su mano, con una expresión en la cara que aún logro ver en los sueños de brujas que me hacen daño. La neblina fue cada vez más espesa hasta el punto de perderlos de vista entre la obscuridad del bosque. 

De pronto, el silencio roto, los gritos entrecortados pero constantes, el sonido silencioso y expansivo de las demás brujas huyendo por las copas de los árboles. Por un momento no creí que las brujas fueran malas, más bien parecían mujeres normales, y hasta quise llorar porque por primera vez escuché detenidamente a una de ellas pidiendo ayuda. Quise correr hacia donde mamá seguro estaba llorando, en la habitación de donde suelo escaparme para mirar por la  ventana, pero algo hizo que me quedarme adherida al vidrio. Además, aunque les duela, papá hace bien con matarlas. Ellas no son buenas y no quiero que lastimen a nadie más. 

Y de pronto una patrulla, y un par de policías que también como las veces anteriores se querían robar el crédito de ésta nueva bruja capturada. Pero ésta vez cambiaron la táctica para atraparlas y no encendieron la sirena, tampoco la luz fue problema, pues tanta neblina no permitió que fuera vista adentro en el bosque. 

Entraron en silencio. y de pronto los gritos de aquella bruja se detuvieron, aquel corazón desgarrado pareció pasar a mejor vida con un par de disparos que parecieron certeros. Esta vez papá no volvió a tiempo. No volvió. Talvez hablaba con esos policías. 

Algo pasaba, de pronto aparecieron más patrullas en la entrada al bosque. Todos entraron, mamá salió de su habitación, se acercó a mí secándose las lágrimas y se asomó también por la ventana de la sala. 

Papá no salía. Sorprendentemente la bruja estaba viva. Ella caminando, salió del bosque abrazada de un policía, cubierta por una sábana y un abrigo de los que ellos usan. Pero papá no salía. No entiendo porqué la mantenían viva. 

Un par de horas después salieron todos los policías que estaban en el bosque, y los dos últimos parecían cargar una gran bulto envuelto con una bolsa blanca. Ahora todo estaba claro. Papá había matado otra bruja y se la llevaron envuelta para que nadie la viera, y los policías habían capturado por primera vez su propia hechicera, aunque en realidad ella fue la que mi papá llevó a bosque primero, y se la llevaban para interrogarla. Pero no vi salir a papá. Debe ser que se fue con los policías sin que yo lo viera entre la neblina. 


Pocos días después mamá me contó papá había muerto esa noche en el bosque y que lo habían enterrado los policías, porque ella no lo iba a hacer. Me dijo que yo lo entendería cuando fuera más grande. Que los policías habían hecho lo correcto. 

Desde esa noche las brujas, como son tan miedosas, no volvieron a habitar en el bosque. No más gritos ni sacudidas en mi cama.   

En cuanto a los policías creo que ellos no tuvieron la culpa de matar a papá, porque esa noche había mucha neblina y seguro confundieron a papá con una de esas brujas corriendo entre los árboles,  y a pesar que en el periódico fueron vistos como héroes por matarlo, sé que no fue su intención, porque ellos sólo persiguen a la gente mala. 




domingo, 24 de octubre de 2010

Priscila y el facebook: otra princesa con sombras en las mejillas


Cuando Priscila nació, aunque poco más de media década había pasado desde entonces, sus padres apenas salían de la confusión al no entender porqué todos en esa caja loca habían estado saltando de alegría sobre un muro que poco a poco dejaba de significar un obstáculo para quienes lo derribaron, pero que para ellos, Felipe y Rebeca, había significado una seña aparente. Esa barrera, ese algo que parecía contener cierto tanto de sentimiento desenfrenado, liberal y espontáneo, estaba sólo desapareciendo.

Su Padre, recién graduado del colegio y gozando de su primer trabajo el cual le tocó conseguir casi a la fuerza y no era muy bien remunerado, desde los primeros meses del embarazo de Rebeca fue haciendo poco a poco un pequeño ahorro para comprar su primera cámara fotográfica, como presagiando cuan influyente sería en vidas.

Rebeca nunca quiso casarse, aunque fue un vano deseo al final. Su sueño era ser enfermera como las que veía auxiliando heridos en la guerra, recorrer el mundo, comerse al mundo. Pero una bala perdida, o más bien una granada, una de esa llena de células, de esas células que duran nueve meses en explotar, le hizo unirse por siempre al vagabundo compañero del colegio que le disparó a quemarropa aquella tarde de viernes.

Con el paso de los años Priscila se convirtió en la princesa de la casa. El mundo giraba en torno a ella y su fina y delicad figura de futura actriz, de modelo, o presentadora de televisión. Ella siempre fue feliz con todo cuanto su padre le regalaba gracias a sus largas jornadas al bueno salario que significaba tantos años en la misma compañía. Su madre siempre se preocupó por que ella luciera como tal, hasta que un día, por ahí de esos años de vestido rosa, decidió que no era lo de ella ese pelo castaño rizado y esas faldas llamativas que siempre le regalaban para navidad.

Priscila cambió su modo de vestir, cambió sus amistades, su pelo, e incluso cambió su corazón. Aquella princesita de faldas rosa, comenzó a combinarlas con el negro, y las viejas fotos de aquella primera cámara fueron guardas en un cajón, por lo que una nueva cámara sucedió poco a poco a la anterior. El mundo no estaba aun listo para ella. Y fue así como dio inicio el final de esta historia.

Un día Priscila descubrió algo llamado Facebook. Descubrió un nuevo universo de gente como ella, y publicó tantas fotos de niña mala, como las actrices de telenovela favoritas de su madre, que pronto fue tan famosa, que era inevitable pensar en que no habría reacción.

Muy pronto conoció al tan esperado príncipe, quién en cada una de sus fotos de efervescente jovencita dejaba una poesía, y cuyo rostro de muchacho lucía un poco borroso a la lejanía en esas estampas de viajes a la playa. Tantas palabras bonitas tuvieron como final un café, un encuentro a ciegas, y una historia que contar. Su príncipe le contó todas las historias de guerra conocidas. Él las había vivido, ella las escuchó atenta, porque sus padres nunca se las supieron contar. Su hombre perfecto resultó ser un poco más experimentado de la cuenta.

Pricila quedó embarazada cuando apenas comenzaba a disfrutar de eso de salir sola de su casa. Aquel galán de nombre complicado, no congruente con su figura, disperso en todos los sentidos como en sus fotografías, desapareció, cerró su perfil y volvió a habitar los cuentos de hadas de donde una vez ella misma lo quiso sacar.

Y así como otros cientos de princesas con fotos lindas y vidas perfectas, mas algo vacías, Pri, o Pricila, o Didi para sus amigas, descubrió que la vida no es como parecía ser allá afuera.



domingo, 3 de octubre de 2010

por cualquier otro vicio


Otra noche sin pestañas que se logren unir. Nada más alrededor que un perro buscando alguna sobra entre la nada, el gato sin cola de mi hermana tratando de pelear con las sombras del jardín, y la inconstante brisa que estremece mi cuerpo, como lo hacía antes tu simple presencia.

Aves desconocidas le cantan al día cuya luz carece aun de unas cuantas horas por asomarse. La noche me envuelve, me cansa, me irrita. Me desespera saber que podría estar durmiendo en vez de estar aquí esperando a que amanezca, o a que amanezcas entre mis sueños. Talvez por eso no quiero dormir. Sé que no vendrás a salvarme de esa mujer de vestido blanco y cabello sobre el rostro que a menudo se acerca a mi cama en mis sueños, por eso es inútil también dormir.

Basta ya de quemar otro cigarro en tu nombre! Pero viéndolo bien hasta resultan parecidos. Los dos me causan la necesidad de absorverlos, de tenerlos en mi boca hasta el punto de haber desaparecido, y sólo haber dejado su parte inservible. Lo que no me servirá, lo que quizá me haga sentir cierto arrepentimiento. Definitivamente eres como ese maldito cigarro. Acabas de hacerme necesitar de tí, y salí y te busqué, y te encontré pero fuiste sólo humo, y por consiguiente de pronto ya no estabas, te fuiste flotando, revoloteando pasajera por entre el canto de los pájaros que no saben diferenciar entre en día y esta madrugada de huesos helados.

Y vaya que te pareces a un cigarro. Sé que ya te lo había dicho, e incluso ya estaba escrito, pero no puedo dejar de verte entre el humo que desaparece entre la luz de las lámparas de la calle. La alegría momentánea me ha vuelto a motivar a escribir, pero se ha ido de nuevo, y me ha vuelto a dejar aquí escribiéndole a la soledad que me despoja del sueño. Eres como el cigarro que acabo de tener en mi boca. Eres ese placebo esporádico al que acudo en busca de descanso, pero sólo me hace mantenerme despierto hasta desearlo de nuevo.

Trataré de dormir, y talvez mañana te cambie por cualquier otro vicio, por otra rutina, por otra afición, o por otra loca que sepa cocinar lasaña; por otro motivo para no sentir estas ansias por un café, para no encender otra luz entre la obscuridad, y para no esperar al sol en vano, como las aves sin nombre ni forma.